El alcohol nunca nos supo más dulce. Los cigarros nunca nos llevaron al clímax como cuando estábamos juntos.
Aún cuando por fuera estábamos petrificados. Congelados sin sentimiento alguno, bloqueados por el orgullo. Aún cuando por dentro nos quemabamos como si hubiesen prendido una caja de cerillos completa y ardía sin parar